MENSAJE FINAL DEL II CONGRESO MUNDIAL DE EDUCADORES CLARETIANOS
Jueves 31 de julio de 2008
“Jesús propuso a la gente otra parábola, diciendo: el Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad esta es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y llega a hacerse un árbol, de tal manera que las aves del cielo vienen a cobijarse en sus ramas” (Mt 13, 31-32).
“Estas escuelas irán creciendo según la fidelidad con que correspondan a la gracia. Con estas escuelas se harán agradables a Dios y a las gentes. Dios y la Santísima Virgen traerán sujetos a propósito…” (Carta institucional de San Antonio María Claret, Roma, 16 de julio de 1869).
La intuición del Padre Claret, primer sembrador de la Familia Claretiana, sobre la importancia de la educación cristiana, ha sido como aquel pequeño grano de mostaza que, una vez sembrado, crece desde sus comienzos insignificantes, sin que se sepa como, de tal manera que hoy es una realidad en más de 2.800 aulas de las que son titulares las diversas ramas de la Familia Claretiana. La semilla de las primeras escuelas para catequizar a los niños, hoy se ha convertido en el frondoso árbol de los Colegios de esta Familia, allí anidan más de 90.000 alumnas y educandos, niños/as, adolescentes y jóvenes, educados y acompañados por más de 5.000 profesores/as y más de 247 religiosas y religiosos esparcidos por Europa, América, África y Asia1.
En julio del año 2002 tuvo lugar en Santo Domingo el I Congreso Mundial de Educadores Claretianos. Los ejes del mismo fueron: la Palabra de Dios como clave educativa, la misión compartida, la especificidad de la educación cristiana en un mundo plural y la dimensión profética en la educación. En efecto, a partir de distintas experiencias, celebraciones y foros se desarrollaron aquellos ejes temáticos en los distintos momentos del encuentro.
A los seis años del I Congreso, nos hemos vuelto a reunir más de 90 religiosos/as y laicos/as, todos educadores en las escuelas de las Misioneras Claretianas, las Misioneras de la Institución Claretiana y los Misioneros Claretianos. Hemos venido a Vic de Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, España, Estados Unidos, Filipinas, Guinea Ecuatorial, India, Italia, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela del 22 al 28 de julio hemos celebrado este II Congreso Mundial de Educadores Claretianos.
Este Congreso se ha realizado en el marco de la memoria agradecida por el bicentenario del nacimiento de San Antonio María Claret, renovando nuestro compromiso evangelizador en la misión educativa desde el carisma claretiano. La ciudad de Vic, testigo privilegiado del itinerario misionero universal del Santo, nos ha recibido cordialmente. También hemos peregrinado por aquellos lugares que marcaron los humildes comienzos de la misión de Claret y de nuestra Familia Claretiana en la Iglesia, hoy diseminada por todo el mundo. También hemos experimentado y recreado, una vez más, el gozo del encuentro que nos ha brindado la oportunidad de reflexionar, orar y proyectar nuestra práctica educativa evangelizadora. Aquí, donde Claret dio inicio a “la grande obra”, su mismo espíritu nos impulsa a “hacer con otros y otras” lo que solos no podemos ni debemos hacer, si queremos que los centros educativos sigan creciendo en fidelidad creadora al servicio de la vida.
En estos días al acercarnos al Santo redescubrimos que el Espíritu lo ungió con un carisma misionero que se fue explicitando a lo largo de su vida y que se ha ido desarrollando y actualizando en la vida y misión de su Familia, de la que formamos parte. De allí nuestro gozo en este II Encuentro Mundial al sentirnos confirmados en nuestra identidad carismática de educadores claretianos, animados por el mismo espíritu evangelizador que animó a nuestro Padre y Fundador, Hermano y Amigo de la Familia Claretiana, a quien, según la M. María Antonia París, nuestro Señor le comunicó la claridad y la dulzura propia de los niños. Al profundizar en la persona de Claret hemos hecho nuestra su preocupación efectiva por la educación cristiana de las gentes de su tiempo. Nos hemos sentido confirmados en nuestra identidad carismática. En efecto, “somos claretianos” ejerciendo nuestro ministerio en las escuelas al servicio de la evangelización y de la formación integral de la persona y de las personas como agentes de transformación social que abren caminos al Reino.
Los temas de este congreso han sido: el carisma de Claret y su influencia en la educación, las opciones evangelizadoras de los centros educativos, la evangelización en el colegio claretiano y la identidad del educador claretiano (religioso y seglar). Las presentaciones y conferencias comunicadas, las diversas experiencias ofrecidas, los trabajos en equipo, las celebraciones, especialmente la eucaristía de cada mañana en el templo-sepulcro del Santo, las visitas a Sallent, Monserrat y Barcelona y los paseos por las calles de Vic, todo contribuyó a una interrelación y a un diálogo recíproco para compartir nuestras convicciones, dificultades y sugerencias. De este modo, hemos vislumbrado caminos para reencantarnos con la urgente misión de la educación evangelizadora en el siglo XXI.
En el anexo que acompaña a este Mensaje les presentamos la producción de los diversos grupos de trabajo del Congreso que confirman la educación claretiana al servicio de la vida, ya que toda la comunidad educativa es beneficiaria de la Buena Noticia de Jesús quien vino para que todos tengamos vida y vida en abundancia.
Finalmente damos gracias a Dios, fuente de vida para nuestras escuelas, también agradecemos s quienes han hecho posible este encuentro, especialmente a la Comisión Preparatoria que ha organizado este II Congreso y a la Provincia de Catalunya en la persona del P. Maxim Muñoz, Superior Mayor de la misma, que durante estos días nos acogió en su casa con tanto cariño y solicitud. No podemos dejar estas tierras de Vic sin sentirnos enviados, como San Antonio María Claret, a evangelizar por el mundo, animados con su Oración Apostólica:
¡Señor Padre mío, que te conozca y te haga conocer, que te ame y te haga amar, que te sirve y te haga servir, que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas! Amén.
Vic, 28 de julio de 2008.-







