Hemos nacido en la Iglesia para vivir radicalmente el Evangelio y anunciarlo. La libertad gozosa de la pobreza, la unión entre acción y contemplación y la comunidad de vida tienen primordial importancia en nosotras, como medios para contribuir a la renovación permanente de la Iglesia y al anuncio de la Buena Noticia, como los apóstoles.